martes, 19 de febrero de 2008
amor...
Dicen que no hay fuerza que valga contra el amor. Que ni la distancia ni la muerte pueden contra su poder. Dicen que el verdadero amor mueve todo de lugar, que es la pregunta y su respuesta, que es la causa y su consecuencia, el principio y el final. Aunque ni siquiera se marque el trazo desde la realidad hasta la fantasía. Incluso después de sufrir, después de cortar en pedazos tu ilusión, puede renovarla. Te da nuevas alas, hermosas como el viento que las arrastra. Te ofrece nuevos ideales. Te vuelve loco. Una herida dulce, un pecado placentero. Y cuando notas que en realidad las alas son simple imaginación, cuando ves que simplemente estás cayendo al vacío, pero con alguien al lado con la capacidad de cantar melodías con sus ojos y besar tus cicatrizes hasta que la piel es suave y húmeda como un pétalo es cuando dejas de escuchar, dejas de pensar, dejas de esperar, dejas de programar porque solo ahí es cuando sientes la pureza de estar vivo y estar muerto, de estar solo y acompañado, de estar limpio y lleno de manchas oscuras, de mentiras. Todo vale, porque nada puede ser mejor, porque nada puede ser peor. Porque tienes al lado al ángel y al demonio. Tienes a la persona capaz de darte paisajes rosas o grises por el resto de tu vida. Y miras sus ojos, y ves el paraíso. Y besas sus manos, y ves el infierno. Y nunca se termina, no hasta que tu amor lo decida.
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